Onboarding a medidaReservar una llamada

Coaches al grupo entero. A cada miembro se le sigue como si solo hablaras con él.

En un coaching de grupo le hablas a toda la sala a la vez. Pero cada participante llega con su propio bloqueo y espera su turno para levantar la mano. Mientras hablas al grupo, el chat sigue vivo, cada participante conserva su hilo privado, y su ficha va acumulando todo lo que hace. Y puedes subir a alguien del chat al plató, en directo, a mano.

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Por fuera es el formato más vivo. Por dentro, el mismo mecanismo

WebiClose cubre cuatro formatos: el webinar puntual, el webinar recurrente, el reto de varios días y el coaching de grupo en directo. El coaching es el más vivo de los cuatro. Una pregunta te cambia el guion. Alguien pide feedback delante de todos. Debajo corre el mismo motor que en el resto: el Cierre en Paralelo. Mientras coacheas al grupo, un Moderador-Setter trabaja a cada participante en privado, en su propio espacio. El chat público por un lado, la mensajería privada por otro.

Subir a un participante al plató, a mano

Pasa en cualquier sesión: alguien en el chat merece pasar delante de todos, no solo que lo lean. Lo subes al plató, en vídeo, sin cortar la sesión. Lo decides tú, en el momento que le sirve al grupo. Nada de sorteo que decida por ti: esa función no existe en WebiClose. El micro lo das tú.

El chat que vive y se ordena solo mientras coacheas

El chat público queda abierto toda la sesión. Cada mensaje que llega se etiqueta solo: objeción de precio, pregunta, intención de compra, duda, spam. Cuando todo el grupo escribe a la vez, en vez de un muro de texto ves de un vistazo quién necesita respuesta. Al que perturba se le aplica shadowban: sigue escribiendo, se ve escribir, pero ya nadie lo lee. Sin enfrentamiento delante de todos, el clima de la sala no cambia.

La mensajería privada, un hilo abierto por participante

Mientras coacheas al grupo, el Moderador-Setter trabaja en un cockpit de tres paneles: el chat público a la izquierda, su centro de notificaciones en medio, la mensajería privada con el participante en curso a la derecha. Una IA analiza sin parar, cada 15 a 30 segundos: los mensajes públicos, los privados, el tiempo de conexión, los clics en la oferta, las respuestas a las encuestas, los formularios, los quiz. Cada notificación que sale de ahí trae la información, el contexto del participante y la acción sugerida: responder en privado, responder en público, marcar como tratado, ignorar. El setter mantiene el control de lo que escribe. Nada se envía en su lugar.

La ficha de participante, el seguimiento de cada miembro del grupo

En un grupo pierdes rápido el hilo de quién entendió qué. Cada participante tiene su ficha: la línea de tiempo, con hora exacta, de todo lo que hizo en la sesión. Lo que escribió, lo que respondió en una encuesta, en qué hizo clic, el momento en que se desconectó. Su puntuación se actualiza en tiempo real con cada acción. Cuando el setter abre una conversación privada, tiene esa ficha delante: la línea de tiempo le dice dónde está el participante.

Cuántos setters para un grupo

El ratio recomendado es el mismo que en los demás formatos: un setter por cada 300 a 500 inscritos. En un grupo grande corren varios setters en paralelo, y las notificaciones se reparten entre ellos. Y sea cual sea el tamaño del grupo, solo pagas por los asistentes reales (las personas que de verdad se conectaron), nunca por la duración de la sesión.

Hablemos de tu próximo directo

Miramos tu formato, tu volumen y lo que la herramienta cambiaría para ti. Sin compromiso.

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