La mayoría de tus asistentes te siguen desde el móvil. Ahí ven una pantalla aparte: el video arriba, el chat público y los privados separados en dos pestañas, el botón de acción al alcance sin subir a lo alto de la página.
Arriba, el video. Debajo, dos pestañas que tu espectador alterna: una para el chat público, otra para sus mensajes privados. No arrastra un hilo donde todo se mezcla, elige qué mirar. Sigue tu pitch, y abre el chat público cuando quiere ver reaccionar a la sala. Su conversación privada con tu setter vive en su propia pestaña, nunca se pierde en el flujo.
Lo enciendes y lo apagas con un clic, desde tu lado. Mientras está encendido, el espectador lo tiene delante. Nadie sube a lo alto de la página para buscarlo, está ahí justo cuando alguien se decide. Cada clic queda registrado.
Un espectador gira el móvil para agrandar el video. En horizontal, cuando tu setter le escribe en privado, un aviso sonoro y visual se lo señala. No pierde el mensaje aunque tenga los ojos clavados en el video.
Todo depende de un punto: el privado de tu setter tiene que llegar en el momento justo y verse. En el móvil es donde se decide, porque desde ahí mira la mayor parte de tu sala. La pestaña privada aparte y el aviso en horizontal sirven justo para eso.
Miramos tu formato, tu volumen y lo que la herramienta cambiaría para ti. Sin compromiso.