Un webinar tiene dos cifras que casi nunca coinciden: los inscritos y los que aparecen. Facturamos la segunda, y solo la segunda. Ni los inscritos que se apuntan y no vienen, ni una cuota mensual que corre aunque no emitas nada. Pagas por las personas que estuvieron conectadas a tu directo.
De los que se inscriben, una parte se conecta el día del directo. Esa parte es la que facturamos. Las personas realmente conectadas, y ninguna otra. Nunca la duración, nunca los inscritos.
En la práctica:
Tu coste sigue a tu audiencia real, no a un plan que elegiste antes de tu primer directo.
No hay contrato anual ni nivel que elegir por adelantado.
Un mes sin directo no genera factura. Si no emites en agosto, no pagas nada en agosto. Solo corre el contador cuando hay gente conectada a un live tuyo.
Funcionas con crédito. Si se te acaba en plena emisión, lo recargas desde tu panel y sigues sin cortar.
El directo nunca se detiene por un motivo de facturación. Está diseñado así de origen.
Un solo factor: el número de personas realmente conectadas a tus directos.
Por eso la oferta se define en una conversación y no en una tabla fija. Quien hace un directo al mes y quien hace varios cada semana no están en la misma situación. Una tabla cerrada le daría el precio equivocado a uno de los dos.
Una tabla de tres columnas te empujaría al plan menos malo para ti, y a nosotros nos obligaría a enseñar el precio del caso más grande para no perder dinero. En un modelo por uso, eso no encaja.
Miramos tu volumen y tu ritmo, y sales con una cifra hecha para tu año, no para la media de todo el mundo. Es una conversación corta, no un formulario.
La demo interactiva está en acceso libre, sin registro y sin dejar un email. Te mueves entre las tres vistas (el animador, el espectador, el moderador-setter) y ves exactamente qué compras.
Cuando quieras la cifra para tu caso, hablas con el equipo comercial. Te la damos ahí mismo, en la conversación.
Miramos tu formato, tu volumen y lo que la herramienta cambiaría para ti. Sin compromiso.